Las escuelas sirven para exhibirse, no para aprender

Publicado el 25 de julio del 2017 a las 15:20:18 en la categoría Educación por Ramón Aragón Mladosich










Pavo Real

Una explicación de las diferencias en educación, y por qué siguen aumentando.

Publicado el 19 de Septiembre, 2013 por Peter Gray en Freedom to Learn

 

Supón que eres un estudiante que está en el instituto o en la Universidad y algún tipo de ser mágico te ofrece elegir entre:

  1. Aprender a fondo la materia del curso, pero recibir una nota baja.
  2. No aprender nada de la materia, pero conseguir una buena nota.

Siendo totalmente sincero, ¿cuál elegirías?

Casi todos los estudiantes (excepto algunos pocos rebeldes), elegirían sin vacilar la alternativa 2. Loa estudiantes son seres racionales. Ellos saben que en la escuela lo que importa son las notas, no el aprendizaje. Si alguna vez necesitan aprender la materia siempre lo pueden hacer por su cuenta, de una manera mucho más eficiente que en la escuela. Por otro lado, nunca podrán borrar ese terrible suspenso. Sería estúpido elegir la Alternativa 1. Para cuando han llegado al instituto, todos los estudiantes saben eso.

Las escuelas están para exhibirse, no para aprender.

Cuando matriculamos a nuestros niños en la escuela, los matriculamos en una competición sin fin. Queremos ver quién es el mejor, quién consigue las mejores notas, las mejores puntuaciones en exámenes estandarizados, quién consigue más matrículas de honor, entrar en las clases más avanzadas, quién llega a las mejores universidades… Vemos esas notas y pruebas superadas como medallas no solo para nuestros hijos, sino también para nosotros, como padres. Encontramos maneras, más o menos sutiles, para alardear sobre ello frente a nuestros amigos o parientes.

Todo esto no tiene nada que ver con el aprendizaje, y, realmente, todos lo sabemos. Rara vez nos paramos a reflexionar sobre lo que nuestros hijos están aprendiendo en la escuela; solo nos preocupan las calificaciones. Nosotros, los padres, seguramente lo tendríamos incluso más claro que nuestros hijos, pensaríamos que sería estúpido elegir la alternativa 1 en lugar de la alternativa 2. Es más, dado el caso y si estuviera en nuestro poder, les prohibiríamos elegir la segunda alternativa.

Si las escuelas fueran para aprender en lugar de para exhibirse, las diseñaríamos de un modo completamente diferente. Serían lugares donde la gente podría seguir sus propios intereses, aprender lo que quisieran aprender, probar varias trayectorias profesionales, prepararse para el futuro que ellos quieran. Todos estarían haciendo cosas diferentes, en diferentes momentos, de esta manera no habría base para ninguna comparación.

La gente aprendería a leer cuando quisiera aprender a leer, y tendría ayuda cuando la pidiera. Nos concentraríamos en la cooperación, no en la competición. Esto es lo que ocurre en las escuelas democráticas, que están para aprender, no para exhibirse, y esas escuelas han probado ser extraordinariamente efectivas.

Sabemos a ciencia cierta que el aprendizaje se ve inhibido y dificultado por los diferentes tipos de presión que usamos en las escuelas para aumentar la motivación.

Jóvenes haciendo un examen

Numerosos experimentos en el campo de la psicología han demostrado que las competiciones y las evaluaciones del tipo que sean dan ventaja a quienes ya saben cómo realizar una tarea, que incluso les lleva a hacerla mejor de cómo la harían sin dicha presión. Sin embargo, tienen el efecto opuesto sobre las personas que no saben realizarla tan bien.

Por ejemplo, en un estudio de investigación, llevado a cabo hace muchos años, unos psicólogos observaron a personas jugando a al. [1] Al principio les observaban desde lejos, para que los jugadores no supieran que estaban siendo observados, y entonces se acercaron y observaron deliberadamente, haciendo obvio que estaban evaluando la partida.

El resultado fue que aquellos que ya eran buenos de por sí, también cuando no sabían que estaban siendo observados, jugaron incluso mejor cuando se dieron cuenta de que alguien estaba valorando lo buenos que eran. Sin embargo, aquellos que eran principiantes, que estaban aprendiendo a jugar, jugaron peor cuando se dieron cuenta de que estaban valorando lo buenos que eran.

Esto mismo es algo que también se ha podido observar en otros tipos de tareas, tanto en el campo de lo intelectual como en el físico. Concursos y exámenes sirven para dar lo mejor de uno mismo, pero cuando se está aprendiendo, dichas presiones inhiben el aprendizaje.

A pesar de todo ello, en nuestra (supuesta) búsqueda por mejorar el aprendizaje en la escuela, seguimos aumentando la presión, y luego nos preguntamos por qué todo ello no funciona.

Se ha escrito mucho sobre la brecha o diferencia educacional entre niños provenientes de familias ricas y pobres en los Estados Unidos. Es interesante tener en cuenta que según la presión en las escuelas ha aumentado, también el problema ha crecido. De hecho, un estudio (comentado aquí en el New York Times) mostraba que la diferencia en los resultados de exámenes estandarizados entre las familias pudientes y las no pudientes aumentó aproximadamente un 40% desde los años 60 a la actualidad.

Estoy seguro de que en este problema de la educación influyen muchos factores, pero hay uno que me gustaría que consideraras.

Supongamos que los niños de familias más pudientes aprenden, en casa, mucho de lo que se evalúa en la escuela. Logran un mayor rendimiento en las escuelas bajo la presión de los exámenes y de la constante evaluación porque ya saben bastante sobre el tema.

Ahora, supongamos que los niños de familias menos pudientes no pueden aprender tanto en sus casa, sobre los temas que luego son examinados en la escuela. Tendrán peores resultados en los exámenes, ya de por sí, porque no saben lo suficiente sobre la materia.

La fuerte presión de las evaluaciones y exámenes constantes, unida a la vergüenza y el miedo al fracaso, hacen muy difícil aprender en la escuela a los que no han tenido la posibilidad de aprender las cosas ya en su casa.

Como paso último de la fatalidad, el fracaso puede llevarles a creer en su propia estupidez, creencia que puede causar el abandono de todo el proceso de aprendizaje mentalmente (cuando no también físicamente, faltando a clases).

Resumiendo y como conclusión: Creo que estos ambientes llenos de presión abren una brecha aun mayor entre los que saben y los que no, y que esta brecha aumenta así año tras año en la escuela.

A mayor presión, mayor la diferencia entre unos y otros.

Si de verdad queremos reducir la brecha educacional, debemos diseñar las escuelas para aprender, no para exhibirse.

Referencias

[1] Michaels, J. W., Blommel, J. M., Brocato, R. M., Linkous, R. A., & Rowe, J. S. (1982). Social facilitation and inhibition in a natural setting. Replications in Social Psychology, 2, 21–24.

FUENTe

 


Comentarios