Transcurría  el martes 19 de Septiembre con normalidad, asistía a clases y en memoria del sismo del  85 se realizaba un simulacro con toda la calma y responsabilidad posible, ya que es  algo que cada año se hace. Continuaba con mis clases, cuando a la 1.14 aprox. me encontraba sentado, moviendo la silla con mis pies  ,escuchando a mi profesor y de pronto  sentía un movimiento brusco poco común, el cual no provenía del movimiento que hacía con mis pies a la hora de jugar con la silla, me percate que era un sismo, por lo que me pare rapidísimo con dirección al jardín de la universidad en donde ya sonaba la alarma sísmica y curiosamente no dejaba de temblar, de a poco llegaban mis compañeros, maestros y personal de la universidad.

Una nueva catástrofe azotaba nuestras tierras mexicanas, afectando principalmente a La Ciudad de México, comunidades de Puebla y Morelos.

Afortunadamente en mi ciudad Orizaba no había pasado mayores consecuencias, pero si un gran dolor y preocupación por lo que se observaba en las noticias de todo lo que les ocurría a nuestros hermanos en sus respectivas comunidades, como perdían sus hogares, a sus seres queridos y los principales edificios y medios de trabajo se destruían.

Como buenos mexicanos el apoyo no se hizo esperar, muchos voluntarios y personal capacitado, comenzaba a mover escombros con el fin de encontrar vidas.

En los estados que no resultaron afectados, de apoco se comenzaron a recolectar viveres, algunos de manera voluntaria y otros mediante asociaciones. Cuando en mi escuela me comentaron que necesitaban personas para esta causa con gusto dije que si, ya que lo que le estaba ocurriendo a mi país en realidad me dolía.

Estuvimos dos días en el principal parque de la ciudad, con una muy buena respuesta por parte de los ciudadanos, los cuales acudían a donar despensas y ropa.

Después de esto por medio de una familiar me entero de un viaje que realizarían un grupo de personas las cuales asistirían a dejar víveres y a ayudar a las comunidades principalmente de Puebla y Morelos, por lo que no dude en decir que no.

Salimos el viernes temprano con todas las cosas recolectadas, recorrimos primero algunas comunidades de Puebla encontrándonos con la sorpresa de que ya estaban bastos de ayuda, y agradecidamente te decían que mejor esa ayuda se ocupara  para alguna comunidad a la cual todavía no le hubiera llegado ayuda, y así nos encontramos con otras comunidades las cuales te decían lo mismo ya que el apoyo del pueblo mexicano había sido de gran magnitud.

Ya caía la noche cuando llegamos una comunidad que se encontraba entre los límites de Puebla y Morelos, en la cual algunas casas contaban con alguna cuartiaduras,y una peculiaridad que tenia es que más o menos en cada cuadra había una cruz en el piso, en memoria de los fallecidos por el sismo, otra peculiaridad fue que los habitantes de este sitio nos recibieron con escopetas, algo que causo temor en mí y en algunos compañeros que viajaban conmigo, pero esto paso rápidamente, ya que las personas fueron amables y nos comentaron que era una costumbre ya que de esa manera cuidaban a su territorio, además de que otra vez nos dijeron que no necesitaban por el momento víveres.

Continuamos con nuestro camino hacia Morelos ,llegando a una comunidad en la cual las casas estaban muy afectadas ,algunas destruidas totalmente incluso la iglesia del pueblo, la cual hasta la cúpula se le había caído, las personas ya se encontraban coordinadas y por comentarios de ellos mismos afortunadamente no había ningún muerto tras el sismo, solo afectaciones y la ayuda ya había llegado días atrás, lo único que esperaban era que el gobierno dictara que casas eran habitables y las que no lo eran necesitaban saber con qué tipo de ayuda iban a contar para reconstruir sus hogares.

Decidimos llegar al municipio de Jojutla el cual era uno de los más afectados, nos pusimos en contacto con el ejército llegando al principal centro de acopio el cual se encontraba en una Unidad Deportiva.

Mucha gente perteneciente a ese lugar se encontraba durmiendo ahí, sin tener afectaciones por el sismo lo único que ellos querían era ayudar a los demás habitantes y así mucha gente de otras partes de la Republica, que sin recibir nada a cambio y en coordinación con el ejército ahí estaban noche y día.

Los soldados amablemente nos ofrecieron un café, nos aceptaron la ayuda y de inmediato comenzamos a realizar despensas, mi prima que era la que me había invitado comenzó a revisar a personas que pudieran estar mal de salud ya que ella es ginecóloga.

Amaneció y más gente se sumó a esta causa, ya que las despensas debían estar lo más temprano posible para poder ser repartidas. En lo que seguíamos con esa labor, nuevamente entramos en psicosis ya que otro temblor se hacía sentir aprox. a las 8 de la mañana, pero con menor magnitud y sin dejar daños, por lo que a pesar de los nervios, seguimos trabajando.

De ese mismo centro de acopio y ya con las despensas elaboradas partimos hacia una comunidad en la sierra entre los límites de Morelos y Guerrero, en una carretera la cual no estaba pavimentada literal era como un cerro en donde en varias ocasiones se atravesaba el rio, este  viaje fue de cuatro horas y siendo acompañados por el ejército fue una experiencia padre con todo lo que implicaba nuestro dolor hacia los afectados.

La verdad la labor del ejército fue muy buena al igual que la solidaridad del pueblo mexicano llegando a los lugares más alejados, en los cuales poca ayuda había sido dejada.

Por comentarios de líderes de las comunidades la gente está muy agradecida, sin embargo ahorita están bien con la ayuda, y lo que necita es la labor del Gobierno el cual esperan y pronto reciban información de cómo serán ayudados para poder volver a sus casas o en algunos casos comenzar con la reconstrucción.

Esta fue mi experiencia en la cual espero haya podido ayudar con un granito de arena, y así con la ayuda de todos se salga adelante.


Comentarios