12 de Octubre: el desencuentro de dos orillas

Publicado el 16 de octubre del 2017 a las 05:35:40 en la categoría Amigos por Ramón Rocha Manilla










     “Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros la tierra. Y nos dijeron: cierren los ojos y recen. Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían las tierras y nosotros la Biblia
Eduardo Galeano

 

Este ensayo es parte de la intervención que tuvimos en el programa de radio “Señales de Humo” que el colectivo “Dos Orillas” reproduce en Huelva, España, conducido por Gonzalo Revilla.

Para nosotros los mexicanos la definición de que el 12 de octubre de 1492 se inició el Encuentro de Dos Mundos confiere un término de dominio con poco respeto al acervo cultural, literario, científico, deportivo, militar, social y espiritual que conllevaban los pueblos mesoamericanos hace medio milenio. Desde luego que como mexicanos descalificamos la idea imperial de dominio que justificó no solo España sino toda Europa en la legitimidad a la explotación natural y humana de la tierra americana. ¿Quién descubrió a quién? Quizá pueda ser la pregunta en debate si entramos al juego de poder, pero al mismo tiempo es una pregunta que nos orilla a autorreconocernos tanto como indígenas pre-colombinos, pasando como mestizos modificándonos hasta lo que somos ahora. ¿Y quiénes somos ahora?, pues los cautivos de un occidentalismo que nos hizo pensar por siglos que nos habían descubierto, como si fuéramos un planeta que necesitaba ser interpretado. Ante ello la pregunta de haber sido descubiertos nos hace reflexionar ¿y qué descubrieron de nosotros? Gracias a esa reflexión logramos algo mas: reconocernos como ese gran planeta que existía a diferencia del abismo oceánico en que pensaban que se hundían los barcos.

¿Y quién nos descubrió?, pues una España dolida tras la recién emancipación árabe, una España que vivía en un juego político de autosugestión, una España que dominaba a su tierra “descubierta” pero que también tenía que dominar a ella misma, dominar a México como dominar a Cataluña, dominar a Sudamérica como dominar a Vizcaya, dominar al Papa, dominar a la ciencia, dominar el mar y dominar el arte para justificar que lo que estaban haciendo se llamaba descubrimiento, y después de descubrir, seguir dominando.

El juego del poder y del engaño lo describe muy bien Eduardo Galeano en “Las Venas Abiertas de América”: … “en 1492, los nativos descubrieron que eran indios, descubrieron que vivían en América, descubrieron que estaban desnudos, descubrieron que existía el pecado, descubrieron que debían obediencia a un rey y a una reina de otro mundo y a un dios de otro cielo, y que ese dios había inventado la culpa y el vestido, y había mandado que fuera quemado  vivo quien adorara al sol y a la luna y a la tierra y a la lluvia que la moja”.

Curioso ver que a pesar de que hemos descubierto de que no nos descubrieron, que hemos descubierto que nos saquearon, que jugaron la doble moral para manipular y explotar los recursos, y robar nuestras minas y tomar lo que querían, seguimos reproduciendo ideas obsoletas sobre que lo indígena es minoría y  del prestigio de lo occidental. Hay palacios de gobierno como el de El Salvador donde flanquean la entrada un par de estatuas, enormes, de Cristobal Colón e Isabel la Católica; o mas cerca, tenemos ciudades como Orizaba, que ignorando personas mas productivas al desarrollo histórico, mantienen el nombre de Cristobal Colón en el eje urbano, como si se le debiera algo.

El replanteamiento de que aquello ocurrido en 1492 fue un encuentro de dos mundos, aún resulta explosivo, competitivo, rivalizador y hasta vertical. ¿De qué mundos hablamos si España eran muchos mundos y América otros muchos mas? A mi criterio deberíamos hablar como el encuentro y desencuentro de dos orillas, orillas ampliamente diversas que se confrontaron ante el fantasma del capitalismo, del esclavismo, de la explotación de las materias primas, del agua y  de la tierra fértil. Nuestra mirada viendo que a partir de 1492 se encontraron dos orillas es la de un encuentro que no ha terminado. Ahora somos orillas con pisadas cruzadas, con ideas comunes, con abuelos comunes, con sentimientos comunes y con fines comunes.

El encuentro debe de continuar, nuestra América, nuestro México debe de seguir encontrándose consigo mismo, debe de seguir horizontalizándose en nuestros sentimientos, en nuestras decisiones de comunidad o independencia, nuestro respeto a las orillas religiosas, políticas e ideológicas; lo mismo debe de continuar en nuestra España en nuestra Castilla y Aragón, en nuestra Andalucía, en nuestro País Vasco y en nuestra Cataluña, horizontalizándose todas sus orillas en sus decisiones de comunidad o independencia.


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