(Cuento corto) Del respeto al miedo, sólo hay un sueño.

Publicado el 16 de abril del 2018 a las 09:23:32 en la categoría Reflexiones en el Blog por Fabian Velásquez










Hola a todos, como parte de la materia de humanística y con miras a estudiar la teoría de la personalidad de Freud, les dejo esta pequeña historia que hicimos a manera de actividad...

Del respeto al miedo, sólo hay un sueño

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Soñé que surcaba el oceano con un barco, soñé al viento que curioso ondeaba mi cabello, soñé a la brisa, a las gaviotas, pero también soñé la tormenta, una majestuosa y furiosa, que se alzaba imponente sobre mi barco, que cada vez se volvía más y más pequeño hasta ser una balsa hecha con ramas y palos.

Caía entonces irremediablemente al agua, no sin antes tomar todo el aire que mis pulmones pudieran, esto último me pareció extraño, pues lo hice inconscientemente. Sentía cómo la suave y tranquila brisa ahora era una gran masa de agua que me sacudía y arrastraba a su gusto, hundiéndome cada vez más en sus profundidades.

Había pasado de dominar al coloso territorio de Poseidón, a ser devorado por sus violentas y sofocantes garras, sin saber qué hacer y en realidad sin poder hacer mucho. El pánico llegaba al pensar en que nunca me casaría, nunca vería a mis hijos ni a mis nietos, nunca volvería a amar, mi cuerpo sería comida de langostas y no de gusanos, mi recuerdo en el cementerio estaría vacío.

Pero la cosa se ponía aún peor, soñé con un monstruo, con el más grande, lento y horrible que jamás había conocido, pero que se presentaba ante mi como mi hogar eterno, como mi Final, mi santuario. Mientras lentamente mi cuerpo perdía fuerzas y aire, era succionado hacía lo que parecía ser su boca, sin nada que pudiera hacer, mi vida terminaba en una cueva con cada vez menos luz.

Luego abrí los ojos.

Me encontraba en mi cuarto, aún no salía el sol y no sonaba mi alarma, sin embargo aún podía oir el sonido del mar, el cantar de las gaviotas, los estruendosos golpes del viento en el barco, el rechinar de las duelas de madera viejas.

Y el sonido que producía el monstruo.

Bajé a mi cocina, me serví el escaso cereal que todavía guardaba la caja, llené el tazón con leche. Al terminarlo seguía pensando en mi terrible pesadilla, la veía en todas partes, veía el barco, la tormenta, las olas gigantescas, el inmenso fondo marino y al monstruo, me daban nauseas con sólo pensarlo, me sentía incompleto, preocupado, enfermo.

La escuela quedaba más cerca a la costa que mi casa, por lo tanto mi preocupación no se disipaba, seguía fuerte y renuente, como las olas que se encargaban de devorarme en aquel sueño. A pesar de mi tormento, no conté a nadie mi pesadilla, aún la creía muy ficticia, muy improbable.

Entonces sonó mi telefono, al contestar recibí la voz de mi madre, diciendome las palabras más aterradoras que jamás había escuchado. Me informaba que mi padre saldría a mar abierto, tenía que ubivar y rescatar un navío desaparecido y estaba a punto de zarpar.

Mi piel se congeló y mis manos comenzaron a temblar, mi rostro estaba palido. Salí corriendo de la escuela, el vigilante intentó detenerme al inicio pero logré librarme de sus brazos antes de que pudiera decirme algo. corrí por las calles tan rapido como pude, con el corazón latiendo a más no poder, una vez que llegué al muelle, recorría la vista intentando reconocer el navío en el que trabajaba mi padre.

Entonces lo ví.

Me apresuré a correr, adentrandome cada vez más en el mar por medio del muelle, cuando llegué al final de él, solo pude observar, impotente como en mi sueño, al navío de mi padre alejandose, perdiendose en esa gran masa azul que cubría la tierra, todavía dominandolo y partiendo las aguas a su paso.

No había sido yo, soñé que mi padre moría y reaccioné demasiado tarde.

Desde ese entonces, mi respeto al mar se convirtió en un odio, un temor que aún me atormenta cada vez que lo veo, que lo escucho, que lo siento.

Del respeto al miedo, sólo hay un sueño.

Gracias por llegar hasta aquí amigos, En un futuro compartiré más historias improvisadas con ustedes.


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