Señor, Estoy ayudando a poner a México en la luna

Publicado el 10 de mayo del 2018 a las 09:05:31 en la categoría Reflexiones en el Blog por Fabian Velásquez










Ok, la reflexión de esta semana era una especie de segunda parte sobre el foro economico administrativo que se dió en la escuela, pero me permití hablar sobre una fecha más importante que en esta semana nos afectó, espero la disfruten.

La semana pasada fue primero de Mayo y aprovechamos ese pequeño descanso de un día para reajustarnos al trabajo y a la escuela, pues el cambio de horario seguía afectándonos, pero ¿Realmente sabemos qué celebramos? Si bien es cierto que hemos olvidado el motivo de esta suspensión de labores casi por completo, lo verdaderamente triste recae en que también nos hemos olvidado del valor del trabajo, más allá del monetario.

Trabajos hay muchos, eso es una verdad irrefutable, los hay grandes, chiquitos, poderosos, humildes, divertidos, aburridos, vergonzosos, orgullosos, agobiantes, tranquilos, y un largo etcétera. ¿Qué hacemos para darnos cuenta de ello? La mayoría de las veces nada, de hecho, estamos tan desconectados con el valor personal del trabajo que cuando lo llegamos a perder todo ese remolino de cualidades, beneficios y gustos se viene abajo, y le comenzamos a dar por su lado, justo cuando lo hemos perdido.

¿Qué hace a las personas odiar o automatizar su trabajo? Aclaro que automatizar el trabajo es igual de terrible que odiarlo, e incluso van de la mano, porque eso significa un estancamiento, ya no hablemos de eficiencia laboral ni de utilidad para la empresa, hablemos de las metas que tenemos como personas dinámicas, de la llamada rutina de la que tanto quieren escapar los millennials, pero que la aplican cada vez que hacen copy-paste en sus tareas.

Lo que orilla a las personas a odiar su trabajo es el hecho de que la cultura Mexicana contemporánea siempre lo ha catalogado como algo obligatorio, cansado, frustrante y lleno de presiones, no le quitemos tanto la razón, si lo es, pero lo sería menos si aprendiéramos a verlo como una profesión, como un oficio el cual sirve para echar a andar una sociedad, más allá de las jerarquías.

Existe una historia, cuyo valor verídico no importa tanto como el moral, en la cual se dice que en una visita del entonces presidente John F. Kennedy a la NASA, el carismático mandatario se detuvo a platicar con un hombre de intendencia que trapeaba el piso, entonces le preguntó: “¿Qué hace aquí en la NASA?”, a lo que el intendente le dijo: “Señor, estoy ayudando a poner a un hombre en la luna”.

Dignificar el trabajo es importante tanto para las personas que lo realizan como para las que participan en este proceso, como los clientes. Debemos implementar también una conciencia menos egoísta en las personas, es muy horrible escuchar gente diciendo “Bueno para eso te pagan ¿No?” o “Yo no tengo la culpa de que tu no trabajes bien”.

Estos comentarios son demasiado egoístas y más allá de generar un cambio en los que reciben estas críticas berrinchudas, los incita a la violencia verbal y sobre todo a odiar el trabajo que ejercen por la vía del entorno, es un dato real que la mayoría de renuncias en las empresas son generadas por el ambiente toxico del trabajo, y no por una inconformidad con el salario.

Entonces, debemos aprender a valorar nuestro trabajo, a investigar y ponernos al tanto de qué es lo que realmente hacemos en nuestra organización, a qué pertenecemos y cómo ayudamos a generar desarrollo con sacar copias, o tecleando código en una computadora, o escribiendo oficios, o dirigiendo un departamento.

Una vez cumplido esto, así como valoramos nuestro trabajo, valorar el de los demás, empatizar en el esfuerzo y desempeño que una persona le pone a su  tarea y en base a eso crear una buena crítica constructiva. Porque seguramente estarán dando su mejor esfuerzo, y si no lo hacen sus razones tendrán, buenas o malas.

Con estos sencillos pasos, podrás ver cómo hay un cambio en tu forma de ver el trabajo y en la forma en que ves el trabajo de los demás, todos pertenecemos a un enorme grupo social llamado México, y ya sabemos que nuestro gobierno no sirve para un cacahuate, así que depende de nosotros mediante nuestro trabajo sacar adelante a nuestro país, cueste lo que cueste, pero sobre todo con la mejor actitud y dignificando el trabajo, para así poder decir:

“Señor, estoy ayudando a poner a México en la luna”.


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