Del otro lado...Los libros cansaban menos

Publicado el 29 de agosto del 2018 a las 15:56:24 en la categoría Amigos por Adrian Vicente Ramirez










Picos, marros y explosivos son las herramientas de aquellos que abandonan sus estudios por decisión, o por la necesidad de un ingreso económico que les ayude a subsistir.

Son niños, jóvenes y adultos quienes desde las 7 de la mañana se levantan consientes que les espera un día más de arduo trabajo. Con lonche en mano, que consiste casi siempre en tacos elaborados con tortilla de mano, sal, frijoles o huevo, y para tomar, una botella de refresco rellena de agua simple atada a su cinturón. Toman sus herramientas, las cargan al hombro y parten hacia el lugar donde comienzan a trabajar extrayendo piedra de los cerros que abundan aquí en Mixtla de Altamirano. 
Sin protección alguna, ni medidas de seguridad, es cómo estás personas trabajan de sol a sombra cavando, picando y detonando las piedras. El trabajo que realizan es trabajo pesado, agotador y arriesgado, solo viendo las manos de estos jóvenes y niños se puede dar una idea de las horas que tuvieron que trabajar para que las ampollas dejaran de salir. Y es que no cuentan con mayor aliado que un marro de 20 libras,  el cual, manejado con suficiente fuerza y solo después de unos minutos las piedras comienzan a ceder. 

En ocaciones se encuentran con un problema mayor, las piedras son demasiado grandes para poder quebrarlas con el marro, ahí, es donde entran las personas un poco más grandes. Valiéndose de la experiencia - la única capacitación a la que pueden acceder-, buscan el punto más débil de la piedra e introducen un cartucho de explosivos. Cubriéndose los oídos con las manos, cerrando los ojos y corriendo buscando alejarse un poco del lugar cuentan en retroceso desde el 10. La tierra retumba, una columna de humo se eleva y miles de esquirlas filosas salen volando a toda velocidad. Solo después de unos minutos, continúan trabajando. Pero no siempre sucede así, en ocaciones la dinamita no explota y es aquí donde la suerte manda. 

Al trabajar gente tan joven y sin capacitación formal, los accidentes son inevitables: Niños de 13 años cegados por las explosiones tardías, jóvenes con heridas por los fragmentos de piedra, golpes, magulladuras, es a lo que se enfrentan estas personas por la necesidad de sobrevivir. 

Trabajan de 7 de la mañana a 6 de la tarde. En el sol, en el agua, en el frío, cCavando, martilleando y detonando, con la única meta en la cabeza de llenar un tortón y recibir el pago suficiente para alimentar a su familia por una semana. 

Picos, marros y explosivos son las herramientas de aquellos que abandonan sus estudios por decisión propia, o por la necesidad de un ingreso económico que les ayude a subsistir. 

Lo que me hace reflexionar que para ellos,  los libros cansaban más que el martilleo diario... 


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